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13-07-11 | Autor: Daniel Igarzábal. Fuente: Horizonte A.

Umbrales eran los de antes…

Uno de los principios del Manejo Integrado de Plagas es el uso de umbrales de daño económico (UDE) para tomar decisiones de control ante la presencia de una determinada plaga en el cultivo.

El cálculo para determinar el UDE se basa en relacionar el costo del tratamiento  (CT) con el número de insectos que causan un daño equivalente a este costo. Pero en la fórmula propuesta por Norton, intervienen también el precio esperado de la cosecha y la estimativa de rendimiento (V), el % de efectividad del tratamiento (ET) y la disminución del rendimiento a causa de un  insecto (D) en la superficie o medida considerada ( 1 m lineal por ejemplo). De tal forma que la fórmula de Norton para calcular el UDE, que expresará el número de insectos que económicamente se puede aceptar antes de tomar una decisión de control químico, se expresa de esta manera:


                       CT
UDE = ----------------------
                D  x  ET   x  V

Esta fórmula se usa para tomar la decisión de efectuar un tratamiento químico de choque, que baje la población actual. Y hasta allí llega la propuesta. Si el umbral vuelve a alcanzarse en una semana se deberá aplicar de nuevo y si a la siguiente se alcanza de nuevo… otra vez… Es que cuando se propuso este método solamente existían insecticidas de volteo. No había productos persistentes ni con modos de acción diferentes a los clorados o fosforados de la época. Hace ya 50 años de esta historia.

 

El hecho de haber introducido en la entomología una ecuación económica como la de Norton basada en la más rancia teoría de la marginalidad (costos marginales),  entusiasmó a los técnicos que debían tomar decisiones en campo, ya que ahora había un parámetro en el cual basarse, para no hacer tratamientos preventivos o ante la sola presencia de la plaga.

 

Pero la economía marginal, si bien es un buen recurso para analizar procesos industriales, cuando se aplica a procesos biológicos empieza a hacer agua por muchos lados.

 

En primer lugar basta analizar la fórmula y rápidamente se observa que cuanto más caro sea el producto (influenciando el costo del tratamiento), más alto será el UDE o sea la cantidad de plaga que se permite; y si se usa uno muy barato se podrían admitir muchos insectos y mayor disminución de rendimiento. El UDE es directamente proporcional al costo del tratamiento.

 

En la propuesta de UDE solo intervienen insectos perjudiciales. Es decir, nunca se incluye en el cálculo la posibilidad de controladores biológicos. Varios trabajos ya han sido publicados con el título “modificaciones “o “ajustes” del los UDE por influencia del control biológico.

 

Pero hay muchas otras influencias que harían variar los UDE. Ya se analizó el costo de los productos y el control biológico. ¿Qué ocurre por ejemplo, con la defoliación en soja a causa de las orugas?

 

Hay “umbrales” establecidos y aceptados, que en algún momento pueden haber sido calculados por Norton, pero luego se fueron transmitiendo sin actualizar costos de tratamiento  ni valores de rinde. Y quedaron establecidos como un número de orugas mayores de 2,5 cm y un determinado porcentaje de defoliación. (20 orugas mayores de 2,5 cm y 25 % de defoliación en estado vegetativo). Este tipo de “umbral” fue tomado como receta. Con las actuales variedades de soja y los productos que están el mercado, hoy vendría a ser la “receta de la abuela”.
Una soja de grupo III no puede admitir, para el mismo estado fenológico, la misma defoliación que una del grupo VII. Pero una soja del grupo IV que sufrió stress en la etapa vegetativa y que pierda dos grados de IAF para sobrevivir, no puede tolerar una defoliación del 25%, ni muy cercana. Cada hoja que queda, luego de haber “usado” y “tirado” las del tercio inferior y parte del medio por stress, sirve 100% para ser la última fuente que hará destino en los granos. La decisión agronómica posiblemente sea en estos casos: “umbral 0”, o sea, cualquier defoliación, por baja que sea,  está afectando el rendimiento y es inaceptable.

 

Los umbrales de daño económico, respetando el origen de su cálculo, rara vez fueron usados y la mayoría de las veces ni siquiera calculados. La falta de investigación es la primera razón por la que “viejos” umbrales siguen vigentes. 
Pero todos siguen preguntando hoy en día, “ cuál es el umbral?”. El técnico necesita una referencia de, cuánto es mucho y que es poco ante el ataque de una plaga. No son los umbrales de daño económico quienes van a dar la respuesta, por más que estén bien calculados.

 

Es que cuando se plantearon los UDE no existían insecticidas como los Reguladores de crecimiento de tipo Inhibidores de la síntesis de quitina (novaluron, triflumuron, lufenuron, etc.). Estos insecticidas no actúan sobre larvas de más de 1 cm. Por tanto si se espera el “umbral” para aplicar, las larvas medianas y grandes seguirán su desarrollo y habrá perjuicio por defoliación.
Tampoco existía el concepto de persistencia. La persistencia de un insecticida, muchas veces mal referida como residualidad, es el período de tiempo en el que el producto  es capaz de mantener sus propiedades para controlar una población por encima de la Dosis Letal Media.  Porque económicamente cada umbral se desentiende del anterior y del siguiente calculado por Norton. No importa si se aplican 10 veces. Cuando entran al mercado insecticidas de larga persistencia en las hojas, que actúan por ingestión, como los Simuladores de Ecdisona (metoxifenocide) o las diamidas antranilicas (rynaxypyr-clorantraniprole), entre otros,  se debe agregar otra variable al cálculo económico. Para insecticidas que protegen el cultivo mas de 20 días con una sola aplicación, ante ataques muy fuertes de orugas, sostenidos en el tiempo, es posible que deban hacerse al menos 3 tratamientos con productos convencionales.

 

Muchas corrientes entomológicas están en contra de los tratamientos preventivos. Pero no de todos. Los tratamientos “curasemillas” para prevenir posibles ataques de pulgones  y gusanos blancos en trigo, varios insectos de suelo en maíz, picudos en soja, entre otros, no fueron cuestionados. Las principales razones fueron porque: a) cuando ocurre el daño de alguna de estas plagas y no se hizo el tratamiento de semilla, luego no hay como solucionarlo. b) la cantidad de activo es muy poca usando tratamientos a la semilla. c) como se aplica a la semilla el impacto ambiental es mínimo.

 

¿No podrían extrapolarse estas cuestiones a los actuales productos oruguicidas persistentes en el mercado? a) Si se llegaran a producir grandes poblaciones de insectos en poco tiempo y todas las maquinaras de aplicación de la zona están ocupadas, y se llega tarde a realizar la aplicación, se pierde rinde. Productos aplicados antes del “umbral” pero con buena persistencia evitan este tipo de situaciones. Habrá que ayudar la decisión con avisos de trampas de luz para ajustar aún más el momento de aplicar.  b) La cantidad de activo que se usa para el control,  con estos nuevos productos de alta persistencia es muy baja  c) Éstos nuevos productos son de banda verde, por tanto el impacto al ambiente es reducido.

 

Umbrales eran los de antes. Hoy existen cambios en las variedades, en los productos, en el manejo de cultivos, que hacen pensar que aquellos románticos umbrales ya perdieron vigencia. Hacen falta nuevas propuestas adaptadas a la realidad agrícola actual, que no consideren solo factores económicos para decidir un tratamiento, sino criterio técnico para entender la situación y resolverla. La investigación de grupos de madurez, relacionado la eco-fisiología con los daños de las plagas, es una deuda pendiente de las instituciones oficiales muchas de las cuales se siguen basando en la receta de la abuela, los viejos umbrales de daño económico.

Autor: Daniel Igarzábal. Fuente: Horizonte A.